Dato:
El dato es información que sirve a las personas ya sea para el ambito laboral, como para el colegio y otras cosas. Hoy en día el mundo esta lleno de datos y nada funcionaria sin ellos, es decir, los datos son vitales para las personas.Los datos necesitan ser contextualizados, tienen que tener significado, y tienen que ser validos
Información
La información es un conjunto organizado de datos que constituye un mensaje que trata sobre algo en específico. Hoy en dia, el mundo esta regido por la información, es necesaria en el ámbito laboral, en la escuela y en lo personal, como cuando se lee un libro o se mira la televisión. .Usa bases racionales y es la base del conocimiento
Comunicación
Transmisión entre mensajes entre personas para expresar pensamientos, sentimientos y deseo. Sin comunicación no habría socialidad ya que nadie se comunicaría entre si y todo seria un completo desastre
Tecnología
Transmisión entre mensajes entre personas para expresar pensamientos, sentimientos y deseo. Sin comunicación no habría socialidad ya que nadie se comunicaría entre si y todo seria un completo desastre
viernes, 30 de marzo de 2012
jueves, 22 de marzo de 2012
Identidad Digital
Según yo, la identidad digital tiene muchos peligros como, por ejemplo los acosadores digitales, y violadores. A veces, la gente pone cosas normales como "Nos vemos en el centro a las 5 " o cuando suben fotos eroticas para ganar popularidad, no se dan cuenta de que todo lo que suben son puros datos de los cuales se puede saber todo ya que e internet, todo esta conectado entre si. Por eso mismo, hay que saber a que personas agragas como amigos en redes sociales y tener cuidado con las fotos y comentarios que suben, ya que hay casos de gente que ha sido hackeada y los hackers envian mensajes sexuales o buscan direcciones de tu casa o de tus amigos, por esa razon hay que cuidar la informacion que ponemos. También existe la posibilidad de que una conversación que dos persona tenían en privado, al rato lo sepan todos, asique nada de publicar secretos hacia nadie ya que todos lo sabrán. Siempre conviene hablar temas importantes en privado donde nadie escucha. Tampoco hay que olvidar nunca responder preguntas que puedan perjudicarte o a los que te rodean ya que seria tuya y solo tuya la culpa. Yo, porejemplo trato de no agregar gente que no conozco y no dar nombres, telefonos o direcciones a nadie ya que alguien puede parecer otra persona asique tengo cuidado con ese tipo de cosas. En otros lugares mas publicos como taringa uso un nombre falso y edad falsa ya que mi verdadera identidad es lo que cuenta
jueves, 24 de noviembre de 2011
La Manzana de las Luces
El Regimiento de Patricios tuvo su cuartel provisional en un sector del Colegio Convictorio Carolino, ubicado en la manzana. Fue aquí donde se atrincheraron en el llamado motín de las trenzas, en contra de las disposiciones de su comandante Manuel Belgrano, en 1811.
El 16 de marzo de 1812 abrió sus puertas la Biblioteca Pública, en la esquina de las calles Moreno y Perú. Su creación fue la primera medida de carácter cultural que tomó la Primera Junta, el 7 de septiembre de 1810. Los libros que se utilizarían serían los mismos que poseía el Colegio de San Carlos, agregándose entre otros los donados por el obispo Azamor y Ramírez.
El 12 de agosto de 1821 se fundó la Universidad de Buenos Aires en la Iglesia San Ignacio. El lugar donde funcionaría era las instalaciones de la antigua Procuraduría, en la intersección de las calles Perú y Alsina. Años más tarde se ejecutó una remodelación de la fachada, junto con la ampliación de las instalaciones, manteniéndose de esa forma hasta nuestros días. El 28 de agosto de ese mismo año se fundó el Archivo General de la Provincia de Buenos Aires que se instaló en la manzana. El 29 de agosto de 1884 se le cambió el nombre a la entidad por Archivo General de la Nación, que funcionó en el mismo lugar durante varios años.
Esta manzana fue también el lugar donde se instaló por primera vez el Banco de la Provincia de Buenos Aires. Las actividades de la institución comenzaron el 6 de septiembre de 1822 en una de las casas redituantes de la manzana, hasta que fue mudado en 1827 a su actual predio.
En esta manzana ha funcionado también el Museo Público de Buenos Aires. En 1854 se lo trasladó desde el Convento de Santo Domingo a la ex Procuraduría de las Misiones, en donde ocupaba cuatro salas. El museo tuvo directores como Carlos Germán Burmeister, Carlos Berg, Florentino Ameghino y Ángel Gallardo. Funcionó en estas instalaciones hasta que en 1934 fue trasladado a un predio en el Parque Centenario, donde permanece en la actualidad pero con el nombre de Museo Argentino de Ciencias Naturales "Bernardino Rivadavia".
La Academia Nacional de la Historia, entonces llamada Junta de Historia y Numismática Americana, funcionó en el edificio del Archivo General de la Nación desde el 4 de septiembre de 1904 hasta 1906, fecha en la que se mudó junto con el Archivo.
Por el solar del Colegio de San Ignacio pasaron varias instituciones educativas, no sólo en el período del virreinato sino también en el de la independencia. En 1817 Juan Martín de Pueyrredón organizó el Colegio de la Unión del Sud, que se inauguraría un año más tarde en esas instalaciones. Luego en 1823 se transformó en el Colegio de Ciencias Morales, institución en la que estudiaron Esteban Echeverría, Vicente López, Juan María Gutiérrez, Miguel Cané (padre), José Mármol, Félix Frías, Marcos Paz y Juan Bautista Alberdi. Durante el gobierno de Juan Manuel de Rosas el colegio fue entregado a un grupo de monjes jesuitas, y la institución pasó a llamarse Colegio de San Ignacio. Tras la expulsión de los jesuitas, acusados de conspirar contra el gobierno, el colegio pasó a llamarse Colegio Republicano Federal. Tras la batalla de Caseros se instaló allí un cuartel, y luego el Colegio Eclesiástico. Finalmente el 14 de marzo de 1863, por un decreto del presidente Bartolomé Mitre, se le otorga el nombre que conserva hasta nuestros días: Colegio Nacional de Buenos Aires.
La Sala de Representantes fue construida en 1821, en la esquina de Moreno y Perú. La obra fue dirigida por el arquitecto Próspero Catelin y se ubicaba en una de las casas redituantes. Allí funcionó la Legislatura Provincial desde 1822 a 1884, salvo dos años y medio. También funcionó el Congreso General Constituyente de 1824 a 1827, el Congreso Nacional en esa misma fecha y de 1862 a 1864, el Congreso Constituyente Provincial de 1854 y las Convenciones Provinciales de 1860 y 1870. Fue sede del Consejo Deliberante desde 1894 a 1931, y luego fue utilizada como Aula Magna de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo hasta que se trasladó en 1972.
El 14 de marzo de 1863, el presidente Bartolomé Mitre le otorgó mediante un decreto, el nombre definitivo: Colegio Nacional de Buenos Aires. Desde entonces pasó, además, a ser propiedad del Estado.
En los primeros años de este siglo el viejo edificio fue demolido con excepción de una galería del claustro bajo que está situado en forma paralela a la iglesia. En 1910 se iniciaron las obras de construcción del nuevo edificio, que es de estilo neoclásico francés, según proyecto del arquitecto Norbert Maillart. La inauguración oficial estuvo a cargo del presidente Roberto M. Ortiz, el 21 de mayo de 1938.
El 16 de marzo de 1812 abrió sus puertas la Biblioteca Pública, en la esquina de las calles Moreno y Perú. Su creación fue la primera medida de carácter cultural que tomó la Primera Junta, el 7 de septiembre de 1810. Los libros que se utilizarían serían los mismos que poseía el Colegio de San Carlos, agregándose entre otros los donados por el obispo Azamor y Ramírez.
El 12 de agosto de 1821 se fundó la Universidad de Buenos Aires en la Iglesia San Ignacio. El lugar donde funcionaría era las instalaciones de la antigua Procuraduría, en la intersección de las calles Perú y Alsina. Años más tarde se ejecutó una remodelación de la fachada, junto con la ampliación de las instalaciones, manteniéndose de esa forma hasta nuestros días. El 28 de agosto de ese mismo año se fundó el Archivo General de la Provincia de Buenos Aires que se instaló en la manzana. El 29 de agosto de 1884 se le cambió el nombre a la entidad por Archivo General de la Nación, que funcionó en el mismo lugar durante varios años.
Esta manzana fue también el lugar donde se instaló por primera vez el Banco de la Provincia de Buenos Aires. Las actividades de la institución comenzaron el 6 de septiembre de 1822 en una de las casas redituantes de la manzana, hasta que fue mudado en 1827 a su actual predio.
En esta manzana ha funcionado también el Museo Público de Buenos Aires. En 1854 se lo trasladó desde el Convento de Santo Domingo a la ex Procuraduría de las Misiones, en donde ocupaba cuatro salas. El museo tuvo directores como Carlos Germán Burmeister, Carlos Berg, Florentino Ameghino y Ángel Gallardo. Funcionó en estas instalaciones hasta que en 1934 fue trasladado a un predio en el Parque Centenario, donde permanece en la actualidad pero con el nombre de Museo Argentino de Ciencias Naturales "Bernardino Rivadavia".
La Academia Nacional de la Historia, entonces llamada Junta de Historia y Numismática Americana, funcionó en el edificio del Archivo General de la Nación desde el 4 de septiembre de 1904 hasta 1906, fecha en la que se mudó junto con el Archivo.
Por el solar del Colegio de San Ignacio pasaron varias instituciones educativas, no sólo en el período del virreinato sino también en el de la independencia. En 1817 Juan Martín de Pueyrredón organizó el Colegio de la Unión del Sud, que se inauguraría un año más tarde en esas instalaciones. Luego en 1823 se transformó en el Colegio de Ciencias Morales, institución en la que estudiaron Esteban Echeverría, Vicente López, Juan María Gutiérrez, Miguel Cané (padre), José Mármol, Félix Frías, Marcos Paz y Juan Bautista Alberdi. Durante el gobierno de Juan Manuel de Rosas el colegio fue entregado a un grupo de monjes jesuitas, y la institución pasó a llamarse Colegio de San Ignacio. Tras la expulsión de los jesuitas, acusados de conspirar contra el gobierno, el colegio pasó a llamarse Colegio Republicano Federal. Tras la batalla de Caseros se instaló allí un cuartel, y luego el Colegio Eclesiástico. Finalmente el 14 de marzo de 1863, por un decreto del presidente Bartolomé Mitre, se le otorga el nombre que conserva hasta nuestros días: Colegio Nacional de Buenos Aires.
La Sala de Representantes fue construida en 1821, en la esquina de Moreno y Perú. La obra fue dirigida por el arquitecto Próspero Catelin y se ubicaba en una de las casas redituantes. Allí funcionó la Legislatura Provincial desde 1822 a 1884, salvo dos años y medio. También funcionó el Congreso General Constituyente de 1824 a 1827, el Congreso Nacional en esa misma fecha y de 1862 a 1864, el Congreso Constituyente Provincial de 1854 y las Convenciones Provinciales de 1860 y 1870. Fue sede del Consejo Deliberante desde 1894 a 1931, y luego fue utilizada como Aula Magna de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo hasta que se trasladó en 1972.
El 14 de marzo de 1863, el presidente Bartolomé Mitre le otorgó mediante un decreto, el nombre definitivo: Colegio Nacional de Buenos Aires. Desde entonces pasó, además, a ser propiedad del Estado.
En los primeros años de este siglo el viejo edificio fue demolido con excepción de una galería del claustro bajo que está situado en forma paralela a la iglesia. En 1910 se iniciaron las obras de construcción del nuevo edificio, que es de estilo neoclásico francés, según proyecto del arquitecto Norbert Maillart. La inauguración oficial estuvo a cargo del presidente Roberto M. Ortiz, el 21 de mayo de 1938.
miércoles, 9 de noviembre de 2011
lunes, 26 de septiembre de 2011
Relato Policial
Hubo un robo de dos millones de dolares a un banco y solo había tres sospechosos.
El detective los interrogaba.
¿Quién estaba más cerca del dinero?, preguntó el detective
-Yo no, dijo el primero.
-Yo estaba en la otra punta, dijo el segundo.
-Yo estaba en los asientos de al lado pero no ví nada, dijo el tercero.
-¿Qué hacía cada uno de ustedes?
-Yo llenaba un formulario para una cuenta bancaria, dijo el primero.
-Yo caminaba por los pasillos, dijo el segundo .
-Yo mensajeaba con mi Blackberry, dijo el tercero.
¡Ustedes dos han sido los que se robaron el dinero! dijo el detective, señalando con el dedo.
-¿Se refiere a mi? dijo el primero.
-Seguramente no estará hablando de mi, dijo el segundo.
-No debo ser yo, dijo el tercero.
-Voy a llevarlos a ustedes dos. El que mensajeaba, estaba muy vigilado como para tomar el dinero por sí mismo, entonces, seguramente le indicó a su compañero, que caminaba por los pasillos, que se robe el dinero de las cajas de seguridad, que estaban abiertas, sin guardias.
El detective tomó presos al segundo y al tercero.
El primero se fué a su casa tranquilo, después de haber pasado un pésimo momento.
El detective los interrogaba.
¿Quién estaba más cerca del dinero?, preguntó el detective
-Yo no, dijo el primero.
-Yo estaba en la otra punta, dijo el segundo.
-Yo estaba en los asientos de al lado pero no ví nada, dijo el tercero.
-¿Qué hacía cada uno de ustedes?
-Yo llenaba un formulario para una cuenta bancaria, dijo el primero.
-Yo caminaba por los pasillos, dijo el segundo .
-Yo mensajeaba con mi Blackberry, dijo el tercero.
¡Ustedes dos han sido los que se robaron el dinero! dijo el detective, señalando con el dedo.
-¿Se refiere a mi? dijo el primero.
-Seguramente no estará hablando de mi, dijo el segundo.
-No debo ser yo, dijo el tercero.
-Voy a llevarlos a ustedes dos. El que mensajeaba, estaba muy vigilado como para tomar el dinero por sí mismo, entonces, seguramente le indicó a su compañero, que caminaba por los pasillos, que se robe el dinero de las cajas de seguridad, que estaban abiertas, sin guardias.
El detective tomó presos al segundo y al tercero.
El primero se fué a su casa tranquilo, después de haber pasado un pésimo momento.
jueves, 11 de agosto de 2011
Mitos Urbanos sobre la Manzana de las Luces
El subsuelo de Buenos Aires sigue dando sorpresas: hay desde aljibes hasta grutas de estilo renacentista; los arqueólogos urbanos intentan resolver los misterios que esconde la ciudad
Mucho se ha dicho sobre el subsuelo de la ciudad de Buenos Aires. Desde que esconde una red de túneles donde los jesuitas realizaban cruentas sesiones de tortura o una red pensada para el contrabando y para permitir el escape de algún gobernante de turno, hasta que oculta enormes tesoros escondidos durante el Virreinato...
Lo cierto es que, cada tanto, el suelo de una plaza se hunde y deja al descubierto extrañas construcciones subterráneas, y a veces lo mismo ocurre cuando una excavadora abre en la tierra para levantar un futuro rascacielos. Entonces, resulta evidente que el subsuelo porteño alberga algo más que cañerías, cloacas o playas de estacionamiento.
Y para resolver ese enigma trabajan arqueólogos urbanos, como Daniel Schávelzon: "Quien alguna vez pensó, imaginó u oyó que Buenos Aires tenía una red de túneles subterráneos siempre lo atribuyó a actividades oscuras, como el contrabando", comenta el fundador del Centro de Arqueología Urbana de la Universidad de Buenos Aires y autor de Túneles de Buenos Aires. Historias, mitos y verdades del subsuelo porteño (Sudamericana, 2005), donde da por tierra con leyendas centenarias.
También saca a la luz curiosidades como casas con pasillos bajo tierra para que entrara la servidumbre en otras épocas, grutas artificiales que pretendían imitar el estilo renacentista europeo o el búnker que Perón construyó para estar a salvo de un eventual ataque (ver "El búnker de Juan D. Perón"). En diálogo con La Nación, Schávelzon da un panorama de lo que más de veinte años de arqueología urbana le han enseñado sobre el subsuelo porteño.
Una red inconclusa
"Las distintas leyendas sobre los túneles de la ciudad de Buenos Aires han ido cambiando con los años —dice, sentado en el patio de su casa en el barrio porteño de Núñez—. Hasta fines del siglo XIX eran sitios oscuros y tenebrosos, utilizados por los jesuitas para torturar, castigar y guardar enormes tesoros.
"A comienzos del siglo XX, el movimiento hispanista da vuelta la historia: los jesuitas eran arquitectos buenos que quisieron ayudar a evacuar a la ciudad en caso de ataque -continúa-. En la década del 60, con las preocupaciones de la izquierda sobre el rol de la economía para explicar los hechos históricos, transforman a los túneles en conductos utilizados para el contrabando."
—Pero, ¿existe una red de túneles construida por los jesuitas?
—A comienzos del siglo XVIII hubo un proyecto de crear un sistema defensivo de la ciudad, en el cual participaron los jesuitas, que eran los únicos que contaban con arquitectos y constructores para hacer una obra de ese tipo. Su finalidad, creemos, era unir edificios importantes y permitir el escape, según el sistema clásico europeo de defensa. Pero no se pudo materializar en un complejo y por eso lo que quedó son sólo fragmentos debajo de edificios públicos. El centro habría estado en la Manzana de las Luces. Esta red iría hasta el Cabildo, a la Catedral, y desconozco si se extendía al Fuerte, porque nunca hemos encontrado nada. Pero no hay nada conectado, son fragmentos totalmente aislados.
—En las invasiones inglesas, ¿se cavó un túnel para colocar explosivos debajo de las tropas inglesas?
—Sabemos que a dos militares españoles se les ocurrió empezar a hacer un túnel desde uno de los túneles que estaban debajo de la Manzana de las Luces para llegar hasta la Ranchería, cruzando la calle, que ahí es donde estaban los soldados ingleses. Empezaron a cavar, pero no era tan fácil hacer el túnel y, antes de que terminaran, los ingleses se rindieron. Lo único que quedó es un tramo que nunca se usó y se conserva debajo del Colegio Nacional de Buenos Aires.
El Tercero del Sur
Aunque el primer túnel de Buenos Aires lo hizo en 1661 un ladrón que ingresó clandestinamente al Fuerte y robó una caja fuerte de madera, lo cierto es que buena parte de las obras que cruzan el subsuelo porteño tienen usos más cotidianos. La primera, quizá, sea un silo excavado en 1667 en el Fuerte del Buenos Aires colonial, con una cisterna de 6,5 metros de altura: "Muchas de las antiguas construcciones subterráneas tuvieron funciones utilitarias, que hoy nos resultan extrañas porque estamos acostumbrados a que el agua llegue a través de caños", comenta Schávelzon.
Pero no siempre fue así. Hasta poco después de 1880, la tierra debía ser excavada para tener agua para las tareas diarias. En 1887, la ciudad aún tenía unas 30.000 casas con pozos de agua o aljibes. "Había lugares que usaban mucha agua y que necesitaban depósitos enormes —agrega—; cualquiera que tuviera una caldera a vapor movía agua en cantidad. Y algunas de las construcciones para almacenarlas son más grandes que las que están arriba: uno baja y se encuentra con habitaciones abovedadas de 6, 7 u 8 metros de alto y se impresiona."
Y algo similar ocurría con los pozos ciegos en ausencia de desagües cloacales: "Se hacía uno y cuando se llenaba, se hacía otro. Hemos encontrado hasta 12 pozos en una misma casa, claro que construidos a lo largo de 300 años", dice.
"Por último, estaban los 'terceros', entubamientos de arroyos, como el Zanjón de Granados, que era muy molesto porque cuando crecía creaba un barrial que cortaba todas las vías de comunicación de Norte a Sur. Además, en el arroyo se tiraba la basura, pero como el agua no terminaba de llevársela se convertía en un pantano donde flotaba toda la basura. Eso obligó al municipio a realizar su entubamiento, una obra de cierta envergadura para la época."
Hoy, parte de las obras subterráneas del Zanjón de Granados o Tercero del Sur, excavadas por Schávelzon años atrás, se pueden visitar en el barrio de San Telmo (Defensa 755) restauradas por el dueño de la propiedad.
—¿Quedan muchas obras en Buenos Aires esperando ser restauradas?
—La lista es interminable... Hay trabajo para generaciones. El problema es que la destrucción va más rápido que lo que uno puede hacer. Por más que se tenga el apoyo del gobierno porteño, el dinero nunca alcanza. Y además hay un mito: si se encuentra algo en una obra en construcción y nos avisan, la obra se para. No es así. Estamos acostumbrados a hacer un trabajo de estudio en pocos días.
FANTASMAS DE BUENOS AIRES
En todas las grandes ciudades existe una abundante casuística que gira en torno a lugares donde se manifiestan espectros, presencias y voces inexplicables. Si sólo se trata de leyendas, ¿por qué sucede en algunos casos que ilustres visitantes extranjeros que nada saben sobre los antecedentes de esos lugares se convierten en testigos involuntarios de estos fenómenos paranormales?
En el número 1422 de la calle Suipacha se encuentra uno de los museos más importantes de la amplia oferta cultural que ofrece Buenos Aires: el museo de arte hispanoamericano Isaac Fernández Blanco. El solar que actualmente ocupa fue la sede de una compañía importadora de esclavos en el siglo XVII. Pero su actual imagen es obra del arquitecto Martín Noel, que en 1920 diseñó un edificio de aspecto neocolonial, combinando un jardín andaluz y balcones decorados con cerámica española. Desde 1947 alberga una importante colección de arte que incluye cuadros, esculturas y tallas de madera provenientes de América y España. El urbanismo casi agresivo del centro de la ciudad rodeó de edificios este espacio de aire decimonónico, convirtiéndolo en una especie de oasis para las almas que lo visitan, incluso para las que habitan en otros mundos.
Desde hace al menos un siglo existen referencias sobre fenómenos extraños en este museo. En 1928, el que sería presidente de EE UU, Herbert Hoover, se alojó en esta mansión durante su visita a Argentina y algunos de sus acompañantes declararon haber visto a una figura extraña merodeando por el jardín, a la vez que oían ruidos de puertas y lamentos que no les dejaban conciliar el sueño por la noche.
Dos décadas después, la mansión contigua a la principal se convirtió en la residencia del poeta Oliverio Girando y su esposa, Norah Lange. El inmueble se transformó en un centro de reunión de intelectuales y literatos de la época, algunos de los cuales afirmaron haber detectado una extraña presencia en el jardín andaluz. Ya por aquel entonces se realizaron las primeras indagaciones, a través de supuestas comunicaciones espíritas, para determinar la procedencia del espectro. Según se dijo, habría sido el de una joven de 17 años que murió de tuberculosis, un hecho documentado por los archivos parroquiales. En cualquier caso, el fantasma del museo Isaac Fernández Blanco tardaría casi medio siglo en hacer otra aparición espectacular.
A principios de 1989, la compañía de danza española dirigida por Graciela Ríos Sáiz se encontraba ensayando en los jardines del museo para una actuación, cuando se produjo un corte del suministro eléctrico en el inmueble. Las bailarinas decidieron esperar que la iluminación volviese a funcionar para reiniciar el ensayo. La directora del ballet y algunas de las chicas se quedaron en el jardín charlando, cuando vieron sobre uno de los grandes maceteros la imagen de una mujer alta y blanca, cuyo rostro no podía distinguirse bien. Su cuerpo era como de una niebla espesa, aunque no transparente. La imagen se desvaneció y apareció en otro rincón del jardín antes de desaparecer.
La propia Graciela Ríos contó su experiencia en un importante programa de la televisión argentina y el museo se convirtió en Meca de curiosos. «¡En un solo día vinieron 600 personas!», afirmó Gustavo, uno de los responsables de la programación cultural de esta institución. En cuanto a la identidad de aquella extraña figura, hay teorías para todos los gustos. El escritor León Tenembaum cree que el fantasma corresponde a un pintor que viene a reclamar la autoría de un cuadro firmado por un usurpador.
Los edificios antiguos se convierten con frecuencia en el hogar de fantasmas, como puede confirmarse consultando la literatura urbana de distintas ciudades del planeta. Y Buenos Aires no es una excepción.
Ubicado en la calle Corrientes, entre Anchorena y Agüero, el mercado del Abasto es uno de los grandes símbolos de la capital argentina. Ocupa toda una manzana y fue levantado a finales del siglo XIX, convirtiéndose en el centro neurálgico del comercio de frutas y verduras de la ciudad. Hoy es el shopping center más grande de Buenos Aires, pero aún conserva su primitivo aspecto exterior. Y aparentemente, también los fantasmas de quienes lo conocieron y frecuentaron en el pasado.
Bajo el nombre de «plaza del Zorzal», un enorme patio interior del remozado Abasto guarda el nombre de uno de sus trabajadores más emblemáticos: Carlos Gardel. Una leyenda en sí mismo, un mito del alma tanguera, unido a los cantares del arrabal porteño y a sus acordes. Gardel, «el zorzal criollo«, «el morocho del abasto», estuvo unido a este rincón de Buenos Aires hasta tal punto que hay quien asegura haber visto su fantasma paseando por los pasillos del renovado mercado del Abasto.
Guillermo Barrantes y Víctor Coviello recogen la presencia de un fantasma en el mercado del Abasto, en su libro Buenos Aires es leyenda. Flotando a unos centímetros del suelo, vestido a la usanza de la época y tocado con el característico sombrero, el espectro del «zorzal» fue visto en varias ocasiones por los pasillos del mercado, cuando se encontraba cerrado al público. Incluso la cámara de vídeo de seguridad registró en una ocasión la extraña presencia, a veces acompañada de anomalías en el sistema de sonido del shopping.
Pero si la imagen de Gardel constituye en sí misma un mito de la iconografía porteña, su voz lo es mucho más. En 2003 la voz del «morocho del Abasto» fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO y los «tangueros» no se cansan de repetir que «cada día canta mejor», cuando escuchan una de sus grabaciones. En el número 735 de la vecina calle Jean Jaurès aún existe la casa que compró Gardel para su madre, hoy transformada en museo. En este inmueble, especialmente durante las reformas acometidas antes de abrirlo al público, los obreros escuchaban ensayar al «morocho» cuando el sol comenzaba a ocultarse.
Junto al Abasto está la entrada a la estación «Carlos Gardel» de la línea B del Subte (Metro), donde se puede transbordar con la A, viajando por las entrañas de la ciudad. Hay que prestar mucha atención entre las estaciones Pasco y Alberti porque allí hay dos extraños personajes en una estación no menos misteriosa.
La línea A es la más antigua de Buenos Aires. Comenzó a construirse en 1913 y en ella trabajaron numerosos obreros, muchos de ellos inmigrantes indocumentados. La leyenda cuenta que en un punto entre las estaciones Pasco y Alberti, justo en el momento en que la iluminación de los vagones se apaga durante un instante, puede verse por las ventanillas el hueco de lo que fue una media estación. Un agujero excavado como si fuese a albergar una estación, pero sin acabar. Allí aparecen dos personajes, ataviados como obreros de la época en que se excavaron los túneles, inmóviles y con un aspecto que recuerda a los habitantes del mundo de los muertos, según el relato de quienes aseguran haberlos visto. La leyenda que circula por el metro de Buenos Aires dice que son los fantasmas de dos trabajadores italianos que perdieron la vida cuando se realizaban las obras de este tren subterráneo que acompaña a la avenida Rivadavia.
En la unión de las calles Perú, Presidente Julio A. Roca y Moreno se encuentra la «manzana de las luces», una zona representativa de la arquitectura y de la historia de la ciudad, en el cual se encuentra la iglesia más antigua de Buenos Aires. Este es el único lugar de la ciudad donde se pueden visitar los túneles excavados bajo tierra, cuya más antigua datación corresponde al siglo XVIII. Allí, aguzando el oído, quizá se escuchen los lamentos y quejidos del «Pozo sin fin». Los indios Quilmes, que se instalaron en esta zona luego de ser expulsados de los valles Calchaquíes, creían que existía un pozo sin fondo llamado Guruc, donde iban quienes no tenían alma. La palabra se deformó y se convirtió en «gruta», que designaba un pozo sin fondo donde residían almas en continua agonía. Su asociación con los túneles de la ciudad se debe a un tal Alves, uno de los verdugos que trabajaba para el caudillo Juan Manuel de Rosas, a mediados del siglo XIX. Alves habría decapitado a una de sus víctimas y la arrastró por uno de los túneles cuando vio un pozo que despedía mucho calor. Unos hombres ataviados con túnicas le vendaron los ojos, mientras del interior del agujero salían gritos. Éstos cesaron cuando el verdugo arrojó la bolsa al pozo, aunque nunca oyó el golpe de la caída.
Un siglo después, en ocasión de unas excavaciones realizadas a finales de los años setenta, la historia del «pozo sin fin» volvió a cobrar vida. En la recuperación de la antigua aduana, en el barrio de San Telmo, los obreros escuchaban repetidamente voces de personas quejándose en el interior de las obras. Muchos de ellos abandonaron el trabajo por el miedo que les producía aquel fenómeno.
Curiosamente, sobre el solar donde hoy se erige la casa central del Banco de la Nación Argentina existía un terreno que también fue conocido como «el pozo de las ánimas», donde antiguamente había un cementerio. Estos espectros del Banco de la Nación son un clásico de las historias de fantasmas de Buenos Aires y regularmente aparecen en los medios de comunicación de la mano de testimonios de guardias de seguridad que trabajan en este banco por la noche.
Clementina y sus duendes
Los dos grandes cementerios de la ciudad –Recoleta y Chacarita– también tienen a una misteriosa «Dama de blanco». Pero en Chacarita existe la creencia de que esta mujer espectral consigue atraer a los incautos para que la acompañen al interior del gigantesco camposanto y allí acabar con sus vidas.
Las guías turísticas de Buenos Aires destacan como punto de visita la «Torre Fantasma», en el barrio de la Boca. La leyenda sostiene que su inquilina, una pintora de nombre Clementina, residía en aquella torre en compañía de tres pequeños duendes. Muchos vecinos, al pasar por Almirante Brown, entre Wenceslao Villafañe y Benito Pérez Galdós, se persignan ante la posibilidad de que se les aparezca Clementina.
Completan el mapa de apariciones las embajadas de Alemania y Perú. En esta última, ubicada sobre la Avenida del Libertador, se oyen ruidos de los muebles que se mueven solos en el altillo. La embajada alemana está cerca de la iglesia de San Benito y es famosa porque en sus jardines rondan luces misteriosas y extraños movimientos.
Pero tal vez el fantasma más original es el de una planchadora degollada por su novio. Sobre todo porque se aparece en una plaza muy frecuentada, junto a un solar conocido como parque Lezica, que se encuentra en la avenida Rivadavia. Los vecinos del barrio Caballito aseguran haberla visto en el parque, con su plancha en la mano y sin cabeza.
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